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Crónicas de un cetrero novel

La cetrería puede ser considerada un deporte y así se reconoce en las federaciones, aunque es y ha sido un arte. La cetrería es ante todo historia adaptable en sus artificios hasta nuestros tiempos pero que en cuanto al vocabulario y a las acciones empleadas al trato del ave, permanecen estables en el tiempo. 

Hace cuatro años conocí a Vadillo, un harris (Parabuteo unicinctus) macho  de alas coloradas, cedido por el centro de cría "El Quinto" de Estepa (Sevilla). Manolo, apodado con  el mismo nombre del centro, referente en esta disciplina, lo entregó bien nutrido y desconfiado él, pues es harto trabajo el criarlos. El trato del ave hasta la entrega había sido controlado diariamente, manejando todos los parámetros ambientales y la nutrición para asegurar un crecimiento sin estrés, ayudado por la tecnología actual.
Curso de cetrería, Cazorla verano 2008
El deseo de ser cetrero viene normalmente desde pequeño o por lo menos es lo que me pasó a mí y coincido en esto con los más veteranos. En las etnias que viven la cetrería desde dentro como las kazajas, los niños "maman" de este arte apenas han dado su primer paso y ya están cerca de una imponente águila. En mi caso como al de muchos, F. Rguez. de la Fuente y sobretodo Aurelio fueron los culpables de este veneno sano. A partir de sus vídeos y ayudado de libros olvidados en la biblioteca municipal iba reconociendo a las aves y dibujaba aquellas imágenes que reflejaban la captura de una presa por parte del depredador alado. Recuerdo dibujar un águila calva capturando un salmón, sin saber siquiera que nunca las podría ver aquí, pues eran norteamericanas. 

Mª Carmen y Vadi, diciembre 2011
Pero si que iba descubriendo rapaces que campeaban en sus cazaderos, nidos o de paso, esperando verlas en un lance para así comprobar en directo lo visto en los reportajes del "Hombre y la Tierra" y en las instantáneas de la magnífica obra de biblioteca. De esta forma y hecho un benjamín descubrí a diferenciar un puñado de rapaces como: el familiar, cernícalo vulgar y cernícalo primilla, el velero de los cereales, aguilucho cenizo; el gestor de residuos alado, el milano negro; el vigía, ratonero; la de las alturas, águila calzada; el fantasma, lechuza y el ruidoso mochuelo. Es cierto que faltaban muchas por observar pero el medio de locomoción y mi edad no eran las más adecuadas. Así de otra forma podría haber visto otras más llamativas como el águila culebrera. 

A menudo leía libros cada vez más especializado en ornitología y con el paso del tiempo comprendía la dificultad en la determinación de las aves de mayor envergadura, las águilas. Estas presentan variados coloridos según su edad y especie y los ornitólogos las denominan fases. ¡Hay que ser todo un experto para diferenciarlas! además de disponer de un buen teleobjetivo, y yo de momento diferencio las más comunes.


Pareciera que nos hemos alejado bastante de la cetrería, pero no, esto hace más que agravar más la enfermedad benévola. Tras los prismáticos, estás ausente en cada vuelo de la rapaz pero cuando es tu ave y tu su atalaya, esto cambia sustancialmente. Algunos lo llaman vínculo, prolongación, cariño, etc. a mi me gusta llamarlo cazar en equipo cuando salgo a cazar. ¿Qué le puede aportar el hombre al ave? pues en primer lugar, una alimentación segura y adecuada mas un entrenamiento que faculte al ave como a un deportista. El conocimiento por parte del hombre del cazadero, las querencias de la presa, con esto quiero decir conocer los lugares de cobijo, alimentación y vías de escape; mejora notablemente el índice de éxito en la captura.

Con todo esto, decidí que era hora de comenzar a ser cetrero y fue cuando adquirí el ave. En el momento de la entrega se dispararon los sentidos tanto míos como los de Vadillo. En la suelta se agravó la situación, el ave se debatía insistentemente por doquier, era un lugar nuevo, estaba sin los suyos y con alguien que no conocía.
 Jesús con Vadillo, Aguadulce (Sevilla)

Tras un día y noche juntos y apesadumbrados, no conseguimos conocernos. Mi desconcierto quedó resuelto tras un curso de cetrería celebrado en el verano del 2009 en el Centro de Capacitación Forestal Vadillo - Castril (Cazorla, Jaén), donde el formador me dio las instrucciones para conseguir tan ansiado trato. Podéis afirmar que el nombre del ave le viene de este centro y así es, lo nombré así porque en esa semana conseguí que el ave se mantuviera tranquilo en la lúa (guante) y que saltara de la percha hacia mí sin problemas. Fue gratificante y nunca lo olvidaré.

Almuerzo, curso de cetrería, Cazorla verano 2008
No todo fue un camino de rosas, pues tras finalizar el verano quedé como tantos otros sin empleo. Es una situación desesperante disponer de estudios que a priori están bien acogidos y no tener empleo después de dos años de trabajo, se suponía que la formación profesional y el medioambiente tenían demanda, pero no. En este momento pensé en ceder el ave, pero ¿a quién? ¿qué persona podía ofrecerle más que tu? Con el precedente de que había conseguido el vínculo que nos unía, decidí rechazar cualquier duda, este se quedaría aquí.  

Aguanté poco la pseudo-inactividad porque me había matriculado en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad de Huelva, una nueva etapa en mi vida. De nuevo lejos de casa, algo que desgraciadamente se ha hecho común en mi vida, pero que en esta ocasión no me iba solo, Vadillo me acompañaba. El viaje lo soportaba bien, dos cientos kilómetros aproximadamente dista Aguadulce de Huelva y siempre hacía una paradita a mitad de camino para ver como estaba el.
Fotos de Vadillo

 junio 2008
 junio 2010

agosto 2010










 febrero 2011
Este primer año fue difícil para los dos. Académicamente el más duro y en cuanto al ave, este no se adaptaba bien a las condiciones impuestas en su nuevo hábitat. De la vida rural a la urbanita. Lo coloqué en un patio interior del piso con mi ventana apuntando a su situación. Pronto se volvió pión, un problema en un piso de tres estudiantes, pues en cuanto veía a alguien o incluso oía, piaba sin parar. Hice todo lo posible para que esto no sucediera: lo volaba con más intensidad, le controlaba el peso de vuelo y al final me decanté por la caperuza, cosa que desestimé desgraciadamente muy pronto.
Lugar: Estadio Nuevo Colombino (Huelva)
El colocarle la caperuza a un harris no es tarea fácil y menos aún con el carácter de Vadillo. En una ocasión, al volver de la universidad, visité su percha y observé varias plumas dobladas malamente, casi partidas y noté que al intertar el quitarse la caperuza, se había doblado varias plumas (dedos) del ala. Se me encogió el corazón porque no sabía que hacer para devolver la forma de sus plumas al estado inicial. Por suerte, poco antes de mi ida a Huelva conocí a Salva, experimentado cetrero estepeño en unas jornadas cetreras celebradas en la feria medieval de su localidad, me acordé de el y lo llamé. Rápidamente tomé su consejo y lo apliqué con resultados sorprendentemente positivos. ¿Truco? aplicar agua caliente con un trapo sobre el raquis de la pluma, la devuelve a su estado inicial.

Los dos siguientes años podía ir a casa más a menudo. Por eso mis padres y yo decidimos que Vadillo quedara en su suelta. A ellos les debo entre tantas cosas que Vadillo siguiera con un aspecto saludable. Por contra este aspecto tan saludable se inmiscuía en el trato que ambos teníamos, pues a la hora de volar cada fin de semana, este respondía a mi llamada de forma dudosa y más de una quedada nocturna tuvo lugar en estos días. Recuerdo una en una torreta de alta tensión, fue la peor de todas porque pensaba que lo perdería para siempre. Pasó toda la noche encaramado en la parte alta. Las medidas que tomé a la mañana siguiente las conocía ya, pues estaban descritas en la bibliografía que había leído pero de todas formas llamé a Salva por si conseguía darme otro "truco". Sabios consejos salen de cualquiera, pero en este caso coincidía con los leídos. 
Antes de comenzar la mañana, coloqué una paloma muerta con lazos, una suelta de codorniz trabada y carne bajo trampa con cajón, todas en un solar cercano a una zona de paso en el pueblo. 
Jesús y Vadillo, diciembre 2011
Todo parecía que podría salir bien y tenía esperanzas, hasta visualizaba la captura. De pronto todo se torció, comenzaron a llegar máquinas de obra y personal a cargo. Iban a comenzar la obra en ese solar. La reacción del ave fue la de "tonto el último" porque siempre le asustan el ruido y el volumen de tanto de máquinas como de tractores. Después de tres  o cuatro desesperantes lo encontré encima de una palmera canaria (Phoenix canariensis), en la Huerta de las Monjas. Estaba agarrado con dificultades a una de sus palmas, era la primera vez que se posaba en esta especie y la palma pendulaba lamentablemente. Tras un instante, perdí de vista al ave pero no de oído. El bordón y la prima (cascabeles) me advertían de su presencia allá en lo alto. El dolor de cuello y de ojos por forzarlos hacían desesperar por cogerlo. Me escondí tras una pared para descansar y no ser visto. Tras unos minutos escuché un debatir de alas y un leve golpe en el suelo. Al asomarme tras la pared que nos separaba, vi a Vadillo con una paloma apresada entre sus patas. Corrí hasta el, conforme me acercaba este quería escapar sin éxito, pues el gatillo de sus garras no las dejaba abrir, el cazador apresó para ser apresado. 
Vadillo con conejo, Aguadulce, invierno 2012
Una vez en mi brazo, con la paloma aún viva, mi ave la protegía de mí para no arrebatársela, le dí muerte rápidamente. Observé que la paloma estaba devorada en parte por su dorso, por lo que este tendría que haberla capturado en la palmera en un despiste de ella y que al luchar por el escape cayeron juntos hasta el suelo. La paloma me había devuelto mi ave dando su vida.

Estas vivencias que quedan en la memoria de muchos cetreros deberían escritas para que se transmitieran desde los más inexpertos, sirviéndoles de ayuda y a los más expertos para refrescarles su memoria. Desde aquí, desde mi ignorancia, animo a los cetreros en su día a día a seguir con este arte desde casa o desde el campo, porque ambos terrenos son compatibles. Desde los dos me siento a gusto y  se complementan a la perfección para mantener este veneno activo.

Saludos a todos,

José Antonio Rodríguez Gragea
Vadillo 



Primavera 2013, Aguadulce




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